lunes, 20 de septiembre de 2010

Días sin sabores felices.

Creo que hace mucho que no me detenía a escribir unas líneas aunque fuera por dejar que la imaginación se expanda un poco.
Cuento con sólo cinco minutos para poner en orden las ideas que andan dando vueltas.
He sido cruelmente burlado, así, tal cual. Me siento burlado por el malévolo destino que hace de las suyas sin tener un poco de piedad por esos que se permiten soñar con un porvenir emocional más estable.
Claro las cosas van de un lugar a otro, al ritmo de las sensaciones nuevas que experimentamos todos los días; cuando nos levantamos de la cama, cuando estamos en plena cepillada de dientes y se nos vienen las ideas mas maravillosas a la cabeza, pero que una vez a la subida del bus se disipan porque es necesario hacer espacio a otras ideas que si tienen un toque pequeño de uso mas masivo.
Me explico, muchas veces andamos en la búsqueda de la felicidad que nefastamente depende de otras personas ajenas a nosotros y que por ellos queda la última palabra a decir.
Enamorado, enamoramiento, desamor, ilusión...son palabras que normalmente quedan grandes en alguna de las bocas mal intencionadas de las personas que nos tejen una ilusión momentánea y que al pasar de los días se diluye tan como lo hace el barniz mal aplicado.
Han sido días sin sabores agradables, pero la fe en que todo es parte de un todo me repleta, pues es el momento de tomar las riendas de ese carruaje y seguir con el camino.
Sabores por mil encontraremos en el camino, pero solo uno nos dejará satisfechos de por vida.
Sabor a uno mismo, el sabor de la victoria personal, sin siquiera tener la necesidad de colgarse del cuello de otro para ser feliz.