miércoles, 7 de octubre de 2009

FRIO

Las luces se apagaron, sentía frío; no estaba solo como tantas otra veces. Imnerso en una noche como ya muchas que me ha tocado vivir sin goce ni dolor. Una noche común en un principio justo antes de poder visualizar lo que estaba por acontecer.
Escapaba de los fantasmas de la realidad que poco a poco consumían mi existencia. Que se hacen presentes a cada segundo, sin dejar que el cuerpo descanse de ese ajetreo insoluble que ocasionalmente deja mas de una marca; masgulladuras invisibles a los ojos y tan perceptibles al tacto de una mano delicada como la tuya.
Dormitaban mas fantasmas aún, entre las corrientes heladas del final del túnel.
Y allí estaba yo; tumbado entre mis sueños urbanos, mezcla de frío y placer. Sueños que esperaban en la otra esquina al atardecer. Con un sabor amargo sin razón aparente.
Mientras tanto al otro lado del valle estaba mi contraparte; ese ser dulce y feliz, ese ser amable y tenaz. Allí al otro lado de ese valle que me separa de la realidad que me acecha cuando quiero escapar de las sombras llenas de seres fantásticos y mitológicos, de esos que te transforman la realidad en algo amoldable a tu propia vida.
Fantasmas reales habían por todos lados; pero aún así, a pesar de ser tan verdaderos, como gotas de rocío que caen por la madrugada en el verde pasto recién cortado la tarde anterior; no dejaban de ser fantasmas, tan verdaderos como los mismos sueños de la temporada pasada.
Mientras más rápido pasaba el placer de los vientos helados; sentía que amaba con más fuerza. Amaba con locura y con una mezcla de culpablilidad por amar tanto.
Amaba, la amaba a ella; si a ella, a la que me visita cada noche de desgarro espiritual, cada noche que lloro por no poseerla, cada noche de absoluta soledad. Mientras ella deambula por un país inventado; yo sigo mordiendo el polvo y sudando blasfemias en contra de mi mala estrella.
A lo lejos se ve su figura; allá a lo lejos, en donde termina lo gris y parten los colores de otro arco iris inventado, como otros tantos que yo mismo he creado falsamente en las bajas temperaturas de mi lugar de descanso.
La extraño y siento que cada día la extraño más. Solo bastó un beso para permitir que mi mundo se viniera abajo.
Llevo una batalla en contra del sueño, peleo a muerte con mi propio cuerpo; no quiero que caiga en las mismas vulgaridades por segunda vez. Me niego a aceptar que en cualquier momento puedo caer; una caída de cien mil metros de altura, una caída libre en la cual no solo mis propios sueños se ven en jaque; si no que los del resto de la humanidad.
Casi no saco mucho con extrañarla, la han extrañado muchos; no saco nada con buscarla, la han buscado millones de hombres. Al igual que yo, la esperan.
Muchos la han amado; la han deseado, pero solo uno la ha respetado; solo uno ha sido capaz de no dañarla; y ese no soy yo…

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