viernes, 12 de septiembre de 2008

Hoy

Hace mucho rato que me creía el cuento de que las personas pueden ser intocables, de que pareciere que nada ni nadie puede destruir lo que con tantos años de esfuerzo se ha logrado.
Puede que los llantos de mi madre a ratos de estar contenta sean mas que suficientes como para hacer desaparecer esa tranquilidad que apaciblemente hace que seamnos casi invulnerables.
No creo que los dolores del alma sean los que ocasionan ese descontol que momentaneamente quieren hacerme presa fácil de un sacrificio humano casi casi involuntario.
No se si trazar unas cuantas palabras que me hagan desahogar esa necesidad de volver a escribir para descansar de esa ansiedad que ha logrado descalibrar un poco a este espiritu libre como suelen llamarme.
El ver como pasan los años y creer que uno si ha sanado del todo, me crea otra vez esa ilusión que por tiempo he traído a cuestas.
Soportar mas de lo mismo es cooperar con ese sentimiento de creer que sí he realizado una buena acción; pero una vez de vuelta en la realidad me doy cuenta de que solo son apariencias que se suelen mostrar para no quedar en menos frente a los que me rodean, versando otra vez y una mas en los miles de versos que recreo con mis miles de palabras domingueras.
Mi madre, principalmente ella; es quien me tiene con una sensación rara. Puede ser que no haya cumplido sus espectativas de vida, o lo que ella prentedía para mi.
No se trata de sentirse culpable frente a esta rara sensación, es que en este preciso instante de mi vida en que la veo llorar de miedo más que por otra cosa en su vida.
Desgraciadamente miro a mi alrededor y me doy cuenta de que hace años que la veo en la misma situación triste y mal versada, porque sus lágrimas me conmueven, me hacen meditar en lo dificultosa que ha sido vivir en un mundo que a veces solo se fija en lo que se puede poseer antes de lo que se puede hacer como buenas personas. O de como podemos hacer bien sin mirar a quien se lo hacemos. Esa parte es complicada.
Me he puesto a pensar en cuantas veces he tratado de ser como ella, de lograr un poquito de su inteligencia, de lograr un poquito de su capacidad comprensiva, pero creo que la empresa es mas complicada de lo que parece.
Otra vez verla llorar me ha partido el alma, me ha dejado con esa sensación rara que suelo tener en días previos a grandes acontecimientos personales o bien frente a casi logros por mi mismo. Deseando muchas veces no querer estar frente a situaciones que logran ese tipo de inestabilidad personal de la cual hablaba hace poco rato.
Cayendo en esa especie de espiral que no me da tregua para lograr ver cual es el problema de fondo.

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