Desde que uno dice por primera vez una mentira, puede ser el inicio de una larga seguidilla de mentirillas casi incvoluntarias. Que a menudo se hacen parte de la vida diaria, sin darle paso a las verdades que solemos tener guardadas dentro.
Creo que en ese trance de estar creyendo decir la verdad nos damos cuenta de cuan mentirosos somos, de cuantas veces hemos hecho creer a otros de las "verdades" que crea nuestra necesidad racional para hacerlo.
Hoy a medida que caminaba por una de las tantas calles de mi ciudad natal, creí que otra vez era víctima de mis propios actos, creándome un mundillo casi perfecto dentro de la cabeza idealizadora que dios me ha dado. Dibujando recuerdos y contra poniendolos con una realidad latente. Mintiendome a mi mismo, por pura necesidad de hacerlo. Tal vez para no perder la costumbre. O bien es un acto doloso de mi parte, que me impulsa a realizar la acción propiamente tal.
Si sacase la cuenta de cuantas veces en mis 24 años he mentido, creo firmemente que no seré el con un récord máximo de mentiras, pero si caigo en el ranking de los mentirosillos que sin quererlo dicen una mentira.
No hablo de que mi vida sea una mentira, hablo de que hoy quise mentirme a mi mismo, para hacer más placentero el momento de histeria que me acosaba, para lo cual mi mente tenía que darle una solución rápida y no quedarme pasmado mirando para todos lados sin un norte al cual seguir.
Dentro de todo ese show que me inventé este día, quisiera poder tomarme en serio lo que a veces sin querer realizo.
¿Daño a la gente con ello?, me refiero a mis propias mentiras "blancas", puede que involuntariamente si lo haga. Pero es cuando me pregunto otra vez:
¿Existen otros tantos o mas mentirosos que yo?
Y es ahí cuando viene ese remordimiento ridículo que me deja llorando como niño pequeño, sin un adulto a mi lado para avalanzarme sobre el y llorar sin remordimientos. Es tan complicado ser adulto. Y dentro de esa adultez van entremezcladas las mentiras, los engaños y ese mundo casi perfecto que se maquina dentro de una mente tal vez menos poderosa que una bomba atómica, pero que ocasiona las mismas devastaciones espirituales.
Las consecuencias del daño que ha de causarse no se miden hasta el momento justo del daño mismo, momento en el cual si se nota el desgaste físico y mental que se logra cuando una mentira que ha sido planeada desde tiempos inmemoriales se hace presente de una vez y por todas dentro de un orden establecido por machos y hembras que quieren vivir su propio universo placentero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario